Notas de un Historiador del Arte

martes, 19 de enero de 2010

DECLARACIÓN DE BAEZA: ASOCIACIONES E INDUSTRIAS CULTURALES

Este documento es producto de las reflexiones y propuestas elaboradas en el marco de las Jornadas sobre Patrimonio Histórico: Asociaciones e Industrias Culturales, celebradas en Baeza del 26 al 28 de Noviembre de 2009, organizadas por el Seminario Permanente de Patrimonio Histórico de la Universidad Internacional de Andalucía. No obstante, se trata de un documento abierto a nuevas adhesiones y que esperamos sea la base de nuevas formas de colaboración, participación e intervención en el patrimonio histórico y cultural.

Los abajo firmantes

Partiendo de la necesidad de estrechar el vínculo entre el Patrimonio y la Sociedad como base para una mayor concienciación sobre la necesidad de preservación de los bienes y espacios culturales;

Entendiendo que el desarrollo de actividades participativas en torno al patrimonio histórico, respetuosas con las necesidades de protección y conservación, permiten a los ciudadanos el disfrute de los bienes patrimoniales, su conocimiento y valoración;

Considerando, que la LEY 14/2007, de 26 de noviembre, del Patrimonio Histórico de Andalucía, no reserva ningún papel a la ciudadanía organizada, más allá de su posible condición de particular afectado en sus derechos por la catalogación de algún Bien de Interés Cultural, o la colaboración ciudadana establecida en el artículo cinco y materializada en la obligación de comunicar a la Administración competente las acciones o circunstancias que supongan peligro de destrucción o deterioro en un bien integrante del Patrimonio Histórico Andaluz;

Valorando como el principal activo de la Asociaciones, su capacidad de generación de debate y de movilización, creando conciencia social sobre la necesidad de proteger y defender el patrimonio; pidiendo a la administración o administraciones su intervención en el ámbito de sus competencias legalmente establecidas; y por último, informando cuando sea necesario a los medios de comunicación de las amenazas a las que se enfrentan determinados bienes integrantes del Patrimonio Histórico Andaluz, colaborando incluso en descubrir a los responsables por acción u omisión de dicha amenaza;

Rechazando la consideración del Patrimonio como un freno y un lastre para el desarrollo y el crecimiento de los territorios;

Destacando que la existencia de determinados bienes no crea por sí mismo sentido cultural para el territorio, puesto que la presencia de bienes patrimoniales que no generan dinamismo, participación ni conocimiento ciudadanos, suponen el mantenimiento de patrimonio muerto y en consecuencia en peligro;

Habiendo constatado que la consideración del patrimonio como bien compartido, supone que todos los ciudadanos, como integrantes de asociaciones vinculadas al patrimonio o como profesionales de su gestión y difusión, pueden aportar y sumar esfuerzos para lograr una mayor concienciación de administraciones y agentes sociales en torno a la adecuada gestión del patrimonio;

Presentamos la Declaración de Baeza con la pretensión de incitar a la reflexión a los agentes culturales de los tres sectores (público, privado y tercer sector) y a los ciudadanos interesados. Creemos que puede ser la base de acciones que incorporen a su proceso de gestión a otros grupos del territorio, tejiéndose redes que tengan incidencia en los modelos culturales de Andalucía, revirtiendo todo ello en la consecución de una ciudadanía más identificada con su patrimonio, más conocedora del mismo y más consciente de la necesidad de su protección.

Para todo ello, proponemos y señalamos:

  1. Que el patrimonio es un bien social y por tanto la protección del mismo compete a toda la ciudadanía, la cual debe participar en la planificación integral del mismo, a través de estructuras formales organizadas para tal efecto;

  1. La consideración del Patrimonio como un recurso para el desarrollo territorial, siendo de hecho un importante activo para la instauración de un nuevo modelo de crecimiento sostenible basado en la cultura, en la creatividad y en la participación y relación no destructiva de los ciudadanos con su entorno;

  1. Que en relación con la defensa y protección del Patrimonio, la labor que pueden hacer los ciudadanos es mucho mayor que la reconocida por la legislación y la práctica de la gestión patrimonial, tras haber comprobado que las experiencias y la casuística desarrollada en Andalucía en esta materia es rica y variada. Asimismo sería conveniente la definición de nuevas figuras como el paisaje cultural, reconocidas en ámbitos internacionales, que evitaran actuaciones no deseadas;

  1. Dotar de mayor relevancia y oportunidades al sector privado, asociativo y empresarial, en la gestión del patrimonio, haciéndolo participe en el diseño de la políticas patrimoniales y en la toma de decisiones sobre su desarrollo, incluyendo al mismo en las comisiones y consejos sectoriales de carácter patrimonial;
  2. Poner en el centro de los proyectos culturales a los ciudadanos, destacando que el patrimonio y sus usos deben tener como uno de sus principales objetivos la mejora de la calidad de vida a través de la praxis cultural compartida;

  1. Que los espacios patrimoniales deben ser espacios creativos que activen y hagan visibles los procesos sociales, de manera que constituyan para los visitantes una experiencia de calidad y para los vecinos supongan un espacio cotidiano generador de identidad y de emprendimiento personal y empresarial;

  1. Que al medir la calidad del patrimonio y su gestión, se tenga en cuenta, además del nivel de conservación o lo que supone para el estudio académico, su aportación para la creatividad, el intercambio, la comunicación, la solidaridad, la expresión y la creación; en definitiva, que se valore la participación activa y no de mero visitante;

  1. Que el patrimonio debe constituirse en uno de los ejes principales de la educación, tanto reglada como no reglada, que abarque la totalidad del desarrollo vital del ciudadano;

  1. Explorar nuevas vías de comunicación y conocimiento del patrimonio, apoyándose en programas específicos de concienciación, vinculándolos al ocio activo y participativo acorde con la pretensión de desarrollar modelos de formación continua de la ciudadanía;

  1. El legítimo uso turístico del patrimonio, como campo con múltiples posibilidades de expansión, a través de propuestas creativas que no supongan necesariamente repetir lo esperado o teóricamente demandado, pues la sociedad actual es dinámica y activa pero demanda otras vías de acercamiento al patrimonio compatibles con sus inquietudes e intereses;

  1. La consideración de los presupuestos dedicados a cultura como una inversión generadora de beneficios sociales, económicos, culturales y educativos;

Nos comprometemos:

  1. Como Asociaciones de Defensa, Protección y Dinamización del Patrimonio, para garantizar la mayor eficacia de nuestras acciones, el impacto de las campañas y el éxito de los objetivos perseguidos, a trabajar para el establecimiento de redes de colaboración entre todas las entidades de esta naturaleza que operan en el territorio andaluz, permitiendo así el intercambio de experiencias, el análisis de casos de éxito, y sobre todo la colaboración a través de la movilización de la base asociativa y su red de contactos;

  1. Como Asociaciones y empresas, a esforzarnos en alcanzar alianzas estratégicas con todos aquellos sectores y colectivos que puedan estar interesados en la conservación del patrimonio, por la riqueza, recursos e identidad que la existencia de este y sus usos pueda aportar al territorio, y por las oportunidades que deben poder ver en la configuración de un territorio vivo culturalmente;

  1. En nuestros proyectos educativo-patrimoniales, a favorecer el contacto con el patrimonio como algo dinámico, que permita poner en relación lo observado y aprendido con otros conocimientos y experiencias, haciendo todo ello compatible con la protección y conservación de los bienes y espacios patrimoniales;

  1. Al divulgar el patrimonio a través del turismo, a asumir como empresas nuestro papel de mediadoras, y volcar los mayores esfuerzos en la labor de acompañamiento en el acontecimiento vivencial que debe ser la visita y el conocimiento del legado histórico;

  1. En el ámbito de nuestras responsabilidades, a trabajar en la búsqueda de la calidad, con proyectos innovadores y creativos, esforzándonos en la formación continua, generadora de mayor capacitación y profesionalización; así como en la redacción de los reglamentes correspondientes;

Y finalmente demandamos

Para lograr todo lo anterior, un cambio de enfoque a los responsables de la gestión de espacios patrimoniales, para que sean capaces de abrirse a nuevas propuestas y formas de participación que podamos hacerles desde el sector privado y asociativo, de manera que el indiscutible respeto al espacio no anule las posibilidades de interacción y de diálogo transversal con el mismo por parte de los ciudadanos.

Baeza (Jaén), el 28 de noviembre de 2009

ASOCIACIONES Y EMPRESAS FIRMANTES

  1. Asociación Aguivo (Asociación de Guías Voluntarios de Jaén y Provincia), representada por su presidente, Andrés Rodríguez García. (Jaén).
  2. Asociación Amigos de los Íberos, representada por su presidenta, Pilar Palazón Palazón (Jaén).
  3. Asociación Aula Gerión, representada por su presidenta, Ana Gómez Díaz-Franzón. Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).
  4. Asociación Cilniana para la Defensa del Patrimonio de la Costa del Sol Occidental, representada por su presidenta, Catalina Urbaneja Ortíz. Marbella (Málaga).
  5. Asociación Plaza Vieja. Úbeda (Jaén), representada por Cecilia Antonelli Gascón.
  6. Asociación Dip-Arte. Asociación para la Difusión del Patrimonio y el Arte. (Granada).
  7. Asociación Málaga Monumental. Defensa y Protección del Patrimonio, representada por Salvador García Aranda (Málaga).
  8. Asociación Oxímoron, representada por su presidente, Rafael Burgos Lucena (Granada).
  9. Asociación Puente del Rey de Alhaurín de la Torre, representada por su presidente, José Manuel de Molina Bautista. (Málaga).
  10. Estudio Puerta de Tannhauser, S.L., representada por José Lucas Chaves Maza (Sevilla).
  11. Hespérides Gestión Cultural, representada por María Cristina Uyá Martín de Castro (Cádiz).
  12. Espiral, Animación de Patrimonio S.L., representada por María Isabel Rodríguez Achútegui (Sevilla).
  13. Centro de Innovación Educativa Huerto Alegre, representada por Mª Luz Díaz Guerrero (Granada).
  14. GECA (Asociación de Gestores Culturales de Andalucía), representada por su presidente, Rafael Morales Astola.

CIUDADANOS FIRMANTES

  1. Aguado Padial, Cristina.
  2. Aguilera Amaro, Aida.
  3. Cambil Hernández, María Encarnación
  4. Campos Abejón, Paula.
  5. Campos Melero, Rafael.
  6. Carballo Barazal, Jaime.
  7. Castillo Contreras, Sonia.
  8. Chaparro Cabezas, Juan Pedro.
  9. Cortés García, Manuel.
  10. Cruz Rodríguez, Alcázar
  11. Cruz Ruiz, Francisco.
  12. Cuesta Urbano, Antonio.
  13. Curiel Palomares, Fernando.
  14. Díaz Cid, Rafael.
  15. García Jiménez, Wenceslao.
  16. García Ortiz, Nieves.
  17. García Sánchez, María Isabel.
  18. Garrido Curiel, Filomena.
  19. González Cruz, Álvaro Andrés.
  20. Gónzalez Quesada, Ángela.
  21. González Mota, José Luís.
  22. Guasch Marí, Yolanda.
  23. Gutierrez Carrillo, María Lourdes.
  24. Hernández Ríos, María Luisa
  25. Herrera Barragán, María.
  26. Iglesias Precioso, Martín
  27. Lendínez López, Isabel
  28. Lombardo Montero, Irene
  29. López Guzmán, Rafael
  30. López Obregón, Ana Cabrera.
  31. Lorite Cruz, Pablo Jesús.
  32. Machuca Murga, Salud.
  33. Marañón Lizana, Elena
  34. Márquez Real, Manuel Jesús.
  35. Martín Contreras, José Carlos.
  36. Martínez Pérez, Alejandro.
  37. Martínez Sanblás, Felita.
  38. Molina Reyes, Blas.
  39. Moral Jimeno, María F.
  40. Orta Lozano, Beatriz.
  41. Ortega Ruiz, Antonio.
  42. Parrilla Sánchez, Juan.
  43. Pérez Córdoba, Gloria.
  44. Puche Almonacid, Carmen.
  45. Quesada Alcántara, María Isabel
  46. Quiles Perea, José Antonio
  47. Rodrígez Achútegi, Maribel
  48. Serna Conejero, María Antonia.
  49. Sevilla Ramos, Dolores.
  50. Valderrama Salas, Franciso José.
  51. Villafranca Jiménez, Rafael.
  52. Zardoya Loureda, María Victoria

miércoles, 11 de febrero de 2009

EL CRUCIFICADO EN LA ESCULTURA PROCESIONAL UBETENSE
Tradición iconográfica y artística según hechos históricos y evangélicos

¿Por qué Jesús fue condenado a la crucifixión?. Si solo hubiese sido justificable para sus correligionarios, como blasfemo debió sufrir el suplicio específicamente judío de la lapidación, el que padeció san Esteban o san Pablo, que como ciudadano romano, había sido condenado a decapitación. Pero Jesús, al no ser ni una cosa ni otra se le infligió el suplicio que le correspondía a los esclavos fugitivos o en rebelión: la Crucifixión. Un suplicio espantoso esencialmente romano, pero de origen persa. Este habría sido inventado para que el condenado no ensuciara la tierra, consagrada a Ormuz, y por ello, sacrosanta.

A la hora de analizar la descripción iconográfica de cristos crucificados, ya se trate de su figura humana o divina, los artistas han venido tomando tradicionalmente distintas fuentes, desde literarias, hasta canónicas o apócrifas, donde se muestra la crucifixión tal y como la historia o la leyenda piadosa la ha trasmitido o como la iconografía religiosa la ha fijado en sus representaciones a lo largo de los siglos.

La crucifixión es el hecho histórico mejor probado en la vida de Jesús. Según los historiadores que se apoyan en el texto de Tácito (Anales, XV), hasta sería el único acontecimiento probado: «Nada en los relatos evangélicos tiene consistencia de hecho, salvo la crucifixión por sentencia de Poncio Pilato en virtud de una causa de agitación mesiánica» . No obstante, este es el hecho fundamental que constituye la base del cristianismo.


Fíg. 1. Cristo de la Noche Oscura. Úbeda

Las representaciones antropomórficas del crucificado son extraídas fundamentalmente de la tradición histórica y artística de la estética cristiana, por esa razón se fundamenta en los rasgos étnicos semíticos de Cristo y expresan el sufrimiento humano y su trascendencia divina de la muerte en la cruz; una descripción que viene fundamentada, en algunos casos, por los relatos evangélicos.

En las próximas líneas vamos a tratar de aproximarnos a las distintas fuentes donde los artistas han extraído tradicionalmente iconografías, de manera que podamos recomponer la muerte de Cristo en la cruz.

Aparte de la tradición artística en la representación del crucificado, en los evangelios también se describe de forma detallada la crucifixión, aunque no aporta abundantes detalles iconográficos, si proporciona datos narrativos de los hechos. Estos, junto a los iconográficos y científicos darán ciertas claves para abordar el tema de los crucificados y su muerte en la misma.

La crucifixión es relatada por los cuatro evangelios canónicos (Mt 27, 32-56; Mc 15, 21-41; Lc 23, 26-49; Jn 19, 16-37): «Llegada la, hora s
exta, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. Y a la hora de nona gritó Jesús con voz fuerte: “Eloí, Eloí, lama sabachtani?” que quiere decir: ¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?» (Mc 15, 33-35) y «Jesús, dando una voz fuerte expiró» (Mc 15, 37-39). Las últimas palabras de Cristo nos la relata el evangelista Lucas: Jesús, dando una gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo su espíritu; y diciendo esto espiró (Lc 23, 46-47); Cuando hubo gustado vinagre, dijo Jesús: Todo está consumado, e inclinando la cabeza, entregó el espíritu (Jn 19, 30-31).


Fig.2. Cristo de la Noche Oscura. Francisco Palma Burgos

En la Semana Santa ubetense encontramos tres crucificados con características totalmente diferentes, dos de ellos muertos: Cristo de la Noche Oscura (Fig. 2), que muestra el hecho consumado de la crucifixión; el de la Buena Muerte (Fig. 3), en el que encontramos a Cristo con una apariencia tranquila, sin estridencias y muy diferente al anterior, que presenta la muerte en su lado más oscuro y desgarrante.


Fíg. 3. Cristo de la Buena Muerte. Escuela Valenciana (Años 40)

El otro crucificado, que se muestra vivo aún, es el Cristo de la Expiración (Fig. 4 ), que representa el último momento de vida de Jesús. Sobre estos tres tipos vamos a ir apoyándonos para ir viendo los acontecimientos de su muerte.


Fíg. 4. Cristo de la Expiración. Juan Luís Vasallo Parodi (1942)

Vamos primero, a relatar de forma general como se realizaba la pena de muerte de la crucifixión en época romana. El condenado era obligado a tenderse de espaldas sobre el patibulum — travesaño de madera que había llevado sobre sus espaldas — donde se clavaría con dos gruesos clavos a las muñecas o en el extremo de ambos antebrazos, entre los huesos cubito y radio para luego ser izado en el patibulum y sujetado sobre el stipes que estaba ya puesto. Los pies eran también clavados al stipes, que a veces poseía un saliente clavado a una altura en la que el reo pudiese sentarse, sedile, para prolongar el tormento. Este elemento es erróneamente puesto por la tradición artística en los pies, sin embargo, en ninguna de las representaciones ubetenses anteriormente citadas encontramos la presencia de este elemento.


Fíg. 5. Esquema de los elementos de la cruz

También pensamos interesante analizar las características del crucificado de la Sábana Santa de Turín, ya que iconográficamente contiene algunas evidencias muy certeras que han quedado en la tradición artística.
Fíg. 6. Amortajamiento de Cristo


Fíg. 7. Negativo de la Sábana Santa de Turín


Empezaremos dando una explicación de cómo Cristo pudo morir por asfixia. Cristo al estar colgado de las muñecas se vio sometido a una gran tensión sobre los músculos pectorales y abdominales de manera que la respiración se realizaba con el diafragma de forma entrecortada y dificultosa (Fíg. 7). Esta respiración defectuosa acarrearía una falta de oxígeno que termina por provocar la muerte por asfixia.

Sin embargo, cuando el crucificado no podía respira
r, se apoyaba en uno de los dos instrumentos — suppedaneum o sedile — de forma que la asfixia se mitigaba al relajar los músculos del tronco y permitía que la sangre subiera a la parte superior del cuerpo. Lo malo es que provocaba tal dolor en el perineo — o en los pies — que obligaba a levantarse continuamente, poniendo de nuevo en marcha el proceso de asfixia o de infarto. Dicha alternancia concluía cuando el crucificado no tenía fuerzas para elevarse por lo que, perdiendo el conocimiento, moría de asfixia. Para facilitar la respiración tuvo que adoptar dos posiciones fundamentales en la cruz: una de desplome — Cristo de la Noche Oscura —, donde pendía solo de los clavos; y otra de erección — Cristo de la Expiración — en la que se apoyaba sobre los pies. Una vez Cristo agota sus fuerzas cae en la segunda posición, encontrando inmediatamente la muerte.
Fíg. 8. Muerte por asfixia de un crucificado

Los crucificados representados en la iconografía pasionista ubetense se nos muestran sin suppedaneum.
Fíg. 9. Huesos de la mano

Cristo, en realidad sería clavado por las muñecas, hecho que en la imaginería tradicional no se ha mostrado, salvo algunas excepciones. Exactamente el clavo hubiese atravesado entre un huequecito entre los huesos de la muñeca, denominado espacio de “Destot”, pues si se intenta fijar el clavo más abajo este hubiese resbalado. Cuando el clavo penetra en el Espacio de Destot, el pulgar se flexiona y los dedos también, aunque en menor medida. Esta flexión del pulgar era provocada por la contracción de los músculos ternarios.


Fíg. 10. Esquema de la posición de los clavos en la muñeca


Fíg. 11. Mano Cristo Buena Muerte. Úbeda.
Tradicionalmente en el arte se ha venido representando a Cristo clavado por las palmas de las manos


Era, por otra parte, habitual que a los crucificados se les quebrasen las piernas — crurifragium —, para que no se apoyasen en el suppedaneum y murieran antes, a modo de “golpe de gracia”, sin embargo el hombre de la sindone aparece sin esta lesión porque esto sucedió para que se cumpliese la Escritura: «No romperéis ni uno de sus huesos» y otra Escritura dice también: «Mirarán al que traspasaron» (Jn 19, 36-38). A Cristo no se lo harían dada la dureza de las torturas anteriores: flagelación, corona de espinas, caídas camino del suplicio y la propia crucifixión con clavos, pueden avalar esta suposición.


Fíg. 12. Esquema de la posición de los pies de Cristo en la crucifixión

Fíg. 13. Pies del Cristo de la Noche Oscura. Úbeda

El pie izquierdo estuvo clavado sobre el derecho y cruzado sobre él: la planta del pie izquierdo sobre el empeine del derecho. Así, es clavado directamente cobre el stipes, el izquierdo cruzado sobre el derecho, con un solo clavo. La rodilla izquierda queda doblada sobre la derecha. La hemorragia que produce este clavo no es mortal y la sangre empezaría a brotar tras su retirada.

La lanzada, es también relatada en los evangelios:
«pero llegado a Jesús, como le vieron ya muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó con una lanza el costado, y al instante salió sangre y agua » (Jn 19, 33-35). El Sudario de Turín también documenta esta forma de herida . Le abrieron el costado derecho con una lanza. Una lanzada dada a un cadáver, puede extrañarnos, sin embargo era un cuerpo que debía ser entregado a la familia por el juez, y el verdugo no lo podía entregar si este no estaba muerto, por lo que se hizo preciso abrirle el corazón con una lanza. Este hecho responde al tipo de ejecución del reglamento militar romano.

La lanzada se situaría en el quinto espacio intercostal deslizándose por encima de la sexta costilla, atravesaría, pues la pleura y el pulmón alcanzando la aurícula derecha del corazón.

En la cruz — patibulum, leño horizontal — encontramos el titulus, ajustándose a lo que relatan las Escrituras: escribió Pilato un título y lo puso sobre la cruz; estaba escrito: Jesús de Nazareno, Rey de los Judíos — I NRI —. Muchos de los judíos leyeron ese título, porque estaba cerca de la ciudad al sitio donde fue crucificado Jesús, y estaba escrito en hebreo, en latín y en griego. Dijeron pues, a Pilatos los príncipes de los sacerdotes de los judíos: No escribas Rey de los judíos, sino “Soy Rey de los Judíos”. Respondió Pilato: lo escrito, escrito está.

La cruz, por otra parte, no podía ser demasiado baja, quizá de unos dos metros de altura como máximo, pues bastaba para que un soldado romano de pie levantara el brazo en posición de ataque para poder infligir tal lanzada.

Bibliografía:

-CARRASCO TERRIZA, Manuel: La escultura del Crucificado en la Tierra Llana de Huelva. Diputación de Huelva, 2000.
-CARREÑO ETXEANDIA, José Luis: El último reportero. Pamplona: Ed. D. Bosco, 1976.
-DUCHET-SUCHAUX, Gaston y PASTOUREAU, Michel: La Biblia y los santos. Madrid: Alianza, 2001.
-MIÑARRO LÓPEZ, Juan Manuel: El Hombre de la Sindone. Investigaciones sobre la Sábana Santa desde la creación Escultórica. Ronda: Unicaja y Parroquia de Santa María la Mayor, 2003.
-RÉAU, Louis: Iconografía del arte cristiano. Iconografía de la Biblia, vol. 2. Barcelona: Serbal, 1996.
-REVILLA, Federico: Diccionario de Iconografía y Simbología. Madrid: Cátedra, 1995.
-SAGRADA BIBLIA. Nacar-Colunga. B.A.C. Madrid, 1985.

lunes, 29 de diciembre de 2008


EL NAZARENO EN LA ESCULTURA ANDALUZA DEL SIGLO XVII
MARTÍNEZ MONTAÑÉS Y EL CRISTO DE LA PASIÓN

1. A MODO DE INTRODUCCIÓN

Nuestra obra de estudio, en esta ocasión, será una magnífica obra de la escultura española en madera, a mi juicio una obra que “marcará un antes y un después” en todo arte de la imaginería de siglos posteriores.

Es importante presentar al artista haciendo un análisis de las múltiples vertientes, tanto de su vida como de su obra, pues serán las claves de su formación, cuánto más en este caso, que destaca por la singularidad y movilidad de su vida.

Vista meridional de la ciudad de Alcalá la Real. Atlante espacial, B. Espinault
Su formación artística debe darnos la clave, pues hemos de situar a Montañés en sitios geográficos muy distintos, pero dentro de un mismo ámbito: Andalucía. Nace y balbucea artísticamente en Alcalá la Real, se forma en Granada y madura en Sevilla. Esto, sin duda, nos permite observar la influencia de una escuela sobre otra, dentro de una época que significa la transición del clasicismo hacía el periodo más personal de la Historia del Arte española, el Barroco.
Granada. Panorámica de la ciudad por Hoefnagel [Civitates Orbis terrarum]
Sevilla. Panorámica de la ciudad por Hoefnagel, 1593 [Civitates Orbis Terrarum]
Montañés nos da las claves para analizar que se deben mutuamente las escuelas sevillana y granadina, una cuestión importante, a mi juicio, pues se plantea la cuestión de la existencia de la una sin la otra. Son dos escuelas que se engloban dentro de la Escuela Andaluza, más asociada, ahora, con la sevillana, pero que le debe mucho a la granadina. Granada es el germen del clasicismo español; desde aquí se va a evolucionar a postulados barrocos, que tienen en la espiritualidad cristiana tridentina su desarrollo.

Estos ambientes determinan la personalidad singular de Montañés, se forma en un ambiente que había sido la cabeza de la evangelización en Andalucía y madura en otro lleno de la espiritualidad trentina, dándonos una personalidad artística profundamente cristiana que tan magistralmente ejemplifica en sus obras.

Concilio de Trento

Hay quien ha calificado a Montañés, acertadamente, como el “Dios de la madera”, por su creatividad, estilo y forma tan singular , que tienen en Pablo de Rojas su precedente, pues él le lega a Montañés la técnica y la capacidad para crear tipos iconográficos, que siempre estarán presentes en Montañés, a pesar de la distancia geográfica.

Montañés utiliza ropajes sencillos con cierto aire clásico que también le imprime a los rostros, con mechones sobre la frente que luego quedarán en la escuela. Toma de Rojas toda su sapiencia, pero si de algo carece este, la elegancia, Montañés se encarga de aportársela, pues se instruye en ambientes, de los que no cabe duda, condicionan su forma y estilo: tiene contacto con Pacheco, acude a Tertulias y se mueve dentro de un ambiente literario excepcional, esto, aparte de su compromiso espiritual.

San Cristobal. Iglesia de El Salvador. Sevilla

En general su estética parte de formas platonizantes, que tiene su raíz en la estética clasicista, imprimiendo un realismo aristotélico que entronca con el Barroco. Estas formas serán compatibilizadas y perfeccionadas concretándolas en tipos iconográficos, dando, así, un resultado personal. De estas formas, se ha de destacar el trabajo sobre la figura exenta, que ya había iniciado Rojas, y que en Montañés tienen su punto culminante dado las nuevas formas barrocas, sin olvidar todo lo captado de la estatuaria clásica.

Cuando nos enfrentamos con la obra objeto de estudio, el Jesús de la Pasión, chocamos, en primer lugar con la problemática de ausencia documental para atribuir dicha imagen, pero luego estudiando la obra, la atribución queda fundamentada y avalada con creces.

Otro tema fundamental, para entender esta obra, es analizar el hecho estético de la Semana Santa, su apogeo en el Barroco, los desfiles procesionales y la escultura exenta realizada para este fin, en un ambiente en el que domina la Contrarreforma. Dentro de esta línea se han analizado también los Nazarenos, tan abundantes en Andalucía, surgiendo en Granada y llegando hasta Sevilla. Para ello, hemos tenido que analizar otros ejemplos claves para comprender el Jesús de la Pasión.


2. ESTILO Y FORMA

Retrato de Juan Martínez Montañés. Diego de Velázquez
Martínez Montañés, se forma, en la tradicional enseñanza de taller, y luego pasa a centros artísticos importantes, Granada y Sevilla, en este caso. Es una enseñanza que se recibe por enseñantes en variadas disciplinas especializadas. Esto le dará a Montañés la ventaja de conocer diversas estéticas y modos de actuar, que luego él compaginaría magistralmente. Además Montañés encajó de manera extraordinaria con su paisano Pablo de Rojas, hasta el punto de ser un fiel discípulo suyo.

Al llegar a Granada, para estudiar con dicho artista, Montañés ya traía una primera preparación artística, con juicios de valor bien formados y seguramente de gusto, pues como ya hemos señalado anteriormente, fue partícipe en la contemplación monumental y el ambiente artístico local en torno a la familia de los Sardo Ragis, pintores y escultores, del entallador Jusepe de Burgos, de retablos y esculturas, de varios bordadores, del gremio del padre. Este ambiente debió impresionarle y a raíz de aquí iniciaría una afición que con el tiempo se convertiría en su profesión.

Crucificado. Pablo de Rojas
Con cierto oficio adquirido se introduce en el taller de Rojas, quien le aporta la iconografía y la espiritualidad de sus obras, pues, además de un gran escultor fue un excelente imaginero; entre estas opciones el joven Juan Martínez se decide por la imaginería, arte en el que ha sobresalido con fama universal.

Siguiendo a Hernández Díaz: «su estética posee raigambres platonizantes, al apoyar sus mensajes en ideologías basadas en lo suprasensible, en conceptos al margen y por encima de lo concreto, que inquirían categorías sublimes e inefables. Sus morfologías, vibran con el realismo aristotélico, que sirven de soporte material a las “creaciones” logradas»[1]. En realidad, todo ello queda expuesto en su obra como retablista y maestro imaginero.

A mi juicio creo que no es exacta la teoría de los autores que hablan de un eclecticismo en Martínez Montañés, en relación a que toma de diferentes sitios lo que estima más importante según su gusto, época, etc.. Y todo lo contrario, pues en este caso es un verdadero maestro que crea y compone con todas las ideas que ha ido recogiendo a lo largo de su carrera, es pues, un estudioso incansable con un afán perfeccionador. Es más, no hemos de adjudicar su valía como artista ni a su formación en Granada ni a su madurez en Sevilla, aunque indudablemente de todos ellos extrae estilo, sino a un perfecto compendio de todo ello.

Está claro, eso sí, que el resultado de todo ello es un estilo muy personal, de un pensador que hace del arte su medio de expresión.


De Rojas extrae la especial valoración de los elementos puramente plásticos del volumen y de la forma como un cuerpo independiente y aislado, esta es precisamente la razón por la que vamos a poner como ejemplo la imagen del Cristo de la Pasión, pues en la plástica religiosa, Montañés destaca en la valoración de la imagen exenta.

Es una nueva concepción de la figura exenta y corpórea, pero con gran movilidad natural y de una expresividad intensa que guarda sin gritos y estridencias una gran espiritualidad que consigue con el gesto, muy entroncada, como ya hemos dicho, con la estatuaria clásica.

Montañés se inserta en un momento de tránsito de estilos y sobretodo de espíritu, esto lo representa, como ya queda dicho, Pablo de Rojas en la evolución de la escultura granadina, es precisamente esa concepción de la imagen como independiente del retablo. Existían hasta ese momento imágenes exentas de Cristos y Vírgenes, pero para atender exclusivamente fines religiosos centradas en las devociones populares y que por lo común eran de una mediocre calidad artística.

Ahora la nueva tendencia religiosa impulsada por Trento llama a la creación de una imagen de devoción y con ello la imagen procesional, que no hace otra cosa que reforzar la figura exenta, por eso se ha puesto a Rojas como creador de tipos iconográficos, y en consecuencia a Montañés como fijador de esos tipos iconográficos.

Podemos decir por tanto, que en cuanto a la individualización de la escultura y creación de la imagen procesional, el fenómeno se dio antes en Granada que en Sevilla, pero en esta ultima, gracias a Montañés, se le da una definitiva expresión a lo largo de los siglos XVII y XVIII, si bien pierde cierto sosiego clásico tan patente en Granada. Sevilla sin embargo, llega a una visión más emocionante, exaltada y teatral, algo que logrará de forma magistral el arte de Roldán.

3. ORÍGENES Y PROBLEMÁTICA DOCUMENTAL SOBRE LA IMAGEN DEL SEÑOR DE LA PASIÓN

Esta Hermandad de penitencia, dedicada a meditar en la Pasión de Nuestro de Cristo, fue una de las primeras creadas en Sevilla. Se funda en el Convento Casa Grande de religiosos Mercedarios, aprobando su regla hacía 1531 y probablemente buscó al mejor de los imagineros que residían en ese momento en la ciudad en los primeros años del siglo XVII, a Juan Martínez Montañés, para que esculpiese la imagen del titular.

Imagen de Jesús de Pasión. Iglesia de El Salvador. Sevilla

Será en el año 1623 cuando con toda probabilidad recibe el maestro Montañés el encargo de realizar esta imagen para la Cofradía de Pasión. La edad del maestro Montañés sería la de 55 años, por tanto en el apogeo de su madurez artística, pero también la de su fama, pues en 1606, había terminado su gran obra para la capilla oratorio de don Mateo Vázquez de Leca, el perfecto crucificado, Cristo de la Clemencia, que elevó la fama del autor.

Cristo de la Clemencia. Catedral de Sevilla

En realidad no existe ningún testimonio escrito directo que verifique ser obra de Montañés, no tenemos ningún tipo de contrato o concierto ante notario público; tampoco se tienen cartas de pago y finiquito, o al menos aun no han sido encontradas.

No obstante algo nos dice un antiguo Capellán Real Hispalense, SR., DR. D. José Sebastián y Bardarán, PBRO.
[2], que piensa que pudo hacerse un convenio entre la Cofradía y Montañés mediante célula privada, la cual, como era habitual en la época en este tipo de contratos, no está protocolizada: «o fue quizás destruida al cumplirse el convenio; pero si no directo, tenemos valiosísimo testimonio indirecto: es el entusiasta elogio de la imagen, escrito por el religioso mercedario del Convento sevillano Fray Juan Guerrero, coetáneo de Montañés»[3].Las palabras de Fray Juan Guerrero son las siguientes, y han sido publicadas por el ya mencionado Hernández Díaz:

«La imagen del Santo Cristo de la Pasión...es admiración el ser en un madero, aver esculpido obra tan semejante al natural, no encarezco, ni podré lo prodigioso de esta hechura, porque cualquier encarecimiento será sin duda muy corto, solo baste decir es obra de aquel insigne maestro Juan Martínez Montañés, asombro de los siglos presentes y admiración de los por venir, como lo declaran las obras que hoy se hallan de su mano tan celebradas y aplaudidas por todo género de gentes.»
[4].

Como vemos se trata de un contemporáneo, siendo, por tanto, un testimonio de cierta validez, del que no se tienen noticias, y tampoco estas ha sido desmentidas por ningún contemporáneo suyo, ni en época actual. No se ha de olvidar que el Convento donde Fray Juan Guerrero se hallaba era el lugar donde quedó establecida la cofradía canónicamente. Además, tampoco en época posterior se ha encontrado ningún documento que hable de la sustitución de la imagen, como si ha sucedido en otras obras. Esto se ve reforzado por la propia comparación y estudio de la imagen con el resto de su obra. Respecto a su cronología se señala el año 1623, pero consta en 1619 ya ejecutada, pues, al contratar el escultor Blas Hernández Bello, un crucificado para los Palacios (Sevilla), se especifica«...y la corona de espinas...de la materia y hechura de la que tiene el Cristo Nazareno de la Cofradía de la Pasión dentro en la merced»
[5].

3. 1. Las pruebas sobre la autoría de Montañés

Todos los autores coinciden en señalar analogías estilísticas, morfológicas e iconográficas en las cabezas del Cristo de Pasión con la de San José del relieve de la Adoración de los Pastores del retablo montañesino del monasterio de San Isidoro del Campo, tallado poco antes que la escultura del Nazareno, por tanto, pudo servirle el tipo del santo Patriarca para esta.

Relieve de la adoración de los pastores del Retablo del monasterio de San Isidoro del Campo [figura central] y perfil del Cristo de Pasión

Si seguimos buscando similitudes en otra obras, podemos señalar la existente en el retablo de San Juan Bautista, del convento sevillano de agustinas de San Leandro: sobre la hornacina central un relieve donde en una bandeja aparece la cabeza de San Juan Bautista, con similares sentimientos de técnica y modelado.

Por eso estas dos bellísimas cabezas, la del San José de Santiponce y la del Bautista del Convento de San Leandro, son una magnífica prueba concluyente de paternidad sobre el Cristo de Pasión.



San Juan Bautista y retablo del convento de San Leandro. Sevilla

La tradición ha hecho que también los estudiosos atribuyan dicha imagen a Montañés. Por ejemplo, el pintor Turina realizó un interesante lienzo que guarda la Hermandad en su sala de Juntas, en este te muestra a Montañés anciano, presenciando el desfile de la Cofradía.

Otras ejemplos nacidos de la gubia de Martínez Montañés donde encontramos influeencías en el modelo son:



San Juan Evangeelista, San Juan Bautista y San José con el Niño Jesús [obras integradas en retablos]

4. SIGNIFICACIÓN ICONOGRÁFICA E ICONOLÓGICA DEL NAZARENO DE PASIÓN

Desde el punto de vista estilístico, iconográfico y morfológico se puede atribuir esta imagen, por todo lo expuesto anteriormente, a Juan Martínez Montañés. Es una obra de vestir, pensada para procesionar, dando así una versión de “realismo inquietante”.

Jesús de la Pasión desprovisto de vestiduras
La idea que quiso expresar el autor en esta imagen, según encargo de la Hermandad, era la de representar a Jesús con la Cruz al hombro, advocadas como Nazarenos, de camino al Calvario: «et bajulans sibi crucem exivit in eum qui dicitur Calvariae locus ubi crucifixerunt eum».

La idea quedó plasmada extraordinariamente bien dentro del espíritu ascético-místico de la España de los siglos XVI y XVII, lleno de la ciencia teológica que plastifica textos de Fray Luis de Granada y posee una profunda unción sagrada. Es pues, una respuesta a la teología cristífera y a la pastoral postridentina y que interpreta verazmente la mente de la Iglesia del siglo XVII.

En este ambiente de piedad y de fe se forman los artistas, como su maestro Rojas o el propio Montañés. De esta manera, cuando recibe el encargo de parte de la Hermandad, Montañés aparte de seguir el relato evangélico como inspiración, miró también el capítulo LIII de Isaías para aplicárselas al Nazareno:

«Despreciado y desecho de los hombres, varón de dolores, que sabe bien lo que es el padecer; su rostro, cubierto de vergüenza y afrentado, por lo que no hicimos de él caso alguno»; «En verdad él tomó sobre sí todos nuestros pecados y dolencias; cargó sobre sí todas nuestras iniquidades; por ello nosotros lo reputamos como hombre leproso, como herido por la mano de Dios, y humillado»; «A causa de nuestras iniquinidades fue llagado; despedazado por nuestras maldades; el castigo del que debía nacer nuestra paz con Dios, descargó sobre él, y con sus cardenales fuimos nosotros curados»; «Hemos sido todos como ovejas descarriadas; cada uno se desvió de la senda del Señor, para correr por caminos torcidos; y a él solo le ha cargado el Señor las iniquinidades de todos nosotros»; «Se ofreció su sacrificio porque quiso; no abrió su boca para quejarse; conducido a la muerte sin resistencia, va como oveja al matadero; y guardará silencio ante sus verdugos, como el corderito que permanece mudo delante del que lo esquila».


Pero Martínez Montañés cuando quiso dar vida a la imagen pudo inspirarse en el citado profeta Isaías, en su capítulo IX, donde describe a grandes rasgos la figura del futuro Mesías: «El lleva sobre sus hombros el principado o divisa de su realeza, y se le dará por nombre el Admirable, el Consejero, Dios, el Fuerte, el Padre del siglo venidero, el Príncipe de la Paz; se sentará sobre el solio de David y poseerá su reino, haciendo que impere la equidad y la justicia, desde ahora y para siempre».

Estas son las ideas teológicas que inspiraron a Montañés, un hombre, que como ya se ha dicho, está lleno de un profundo espíritu. Así, supo representar muy bien estos dos conceptos que define a la perfección D. José Sebastián y Bandarán: «su amor y caridad sin límites, en la Pasión dolorosa; su eterno y personal Reinado sobre los individuos y las sociedades, coronado de espinas y abrazado a la Cruz»
[6].
5. 1. Pablo de Rojas y sus Nazarenos: modelos para el Jesús de la Pasión

Con todo lo expuesto en líneas anteriores sobre la procedencia de Montañés y su aprendizaje con Rojas en Granada, nos parece interesante reseñar la opinión del ya citado D. Emilio Orozco Díaz
[7], quien lanza la idea de unos precedentes iconográficos de unos Nazarenos atribuibles a Rojas, que me parecen muy interesantes, no solo para analizar las fuentes iconográficas del propio Montañés, sino también para vincular las escuelas granadinas y sevillanas.

El Nazareno corresponde a un tipo iconográfico que arranca de Pablo de Rojas y tiene su definitiva fijación con Martínez Montañés. De hecho la fama popular del Cristo de la Pasión y la del Cristo del Gran Poder, de su discípulo Juan de Mesa, ha venido a reforzar, según Orozco Díaz, esa identificación de una escuela, la sevillana.

Sin embargo, antes de dicha fijación iconográfica, ya se había cultivado el tema en Granada a finales de siglo XVI, encontrando algunos ejemplos de Nazarenos. Entre éstas se pueden encontrar varias imágenes de Nazareno atribuibles a Rojas, además, dice D. Emilio Orozco, que «en la evolución del tema a través de los siglos XVII y XVIII, no sólo se ofrecen versiones toscas populares, sino también otras importantes debidas a los grandes imagineros Mena, Mora y Risueño, que aún no han sido recordadas por la crítica»
[8].

El Nazareno de Rojas de la iglesia de las Angustias de Granada, es un importante antecedente. La obra se documenta en torno a 1586. No obstante, esta imagen presenta la policromía alterada, pero la traza y la expresión nos permite ver el recuerdo de la imagen del Jesús de la Pasión. Rojas repetiría frecuentemente el tema, para atender la floreciente demanda de Nazarenos, no solo a nivel local, sino en toda Andalucía. Es más, probablemente los nazarenos de Rojas, pudieran ser conocidos en Sevilla, dadas las relaciones entre ambas ciudades, para el Nazareno del sevillano Francisco de Ocampo, en San Bartolomé de Carmona.

Se han encontrado tres Nazarenos atribuíbles a Rojas; el más antiguo es el ya citado Nazareno de Priego de Códoba, en la iglesia de San Francisco. Orozco Díaz, piensa que puede tratarse de una obra de sus primeros tiempos de actividad, muy desfigurado por una cabellera superpuesta, su rostro es correcto y noble de facciones con las característica proporción achatada que vemos en el crucificado de la catedral granadina
[9]; también podemos encontrar similitudes con el San Juan Evangelista del mismo sitio, pues coincide en cuanto a técnica.

Nazareno de Priego de Córdoba. Pablo de Rojas

El otro Nazareno del que nos habla Orozco Díaz[10], es el existente en la iglesia parroquial de Huetor Vega; este con un movimiento más natural que el ejemplo anterior, y mucho más expresivo. El problema de este Nazareno reside en que ha sido muy transformado, en sus manos, pies y rostro, para adaptarlo al gusto de un momento histórico[11].

Parecido movimiento podemos ver en el Nazareno de las Angustias, con unos plegados en los ropajes de aire clásico, que deja entrever la anatomía de las piernas y con un plegado acanalado en el brazo que sostiene la cruz. El movimiento y el gesto es más sereno que los anteriores, pues su caminar es más recto, parece que el peso de la cruz es más libiano y mira hacia el frente con serenidad. Sin duda, estas formas son las adoptadas por Montañés para su Cristo de Pasión.

El otro Nazareno, que D. Emilio Orozco, atribuye a Rojas es el de la capilla mayor de la iglesia de San Zoilo de Antequera, y en realidad no le falta razón para atribuir dicha talla, pues el plegado, y la propia figura están muy próximos a los Nazarenos citados anteriormente, pero sobretodo al de las Angustias. No obstante, en el rostro, Rojas le cofiere más detallismo. En este Nazareno, se ha querido ver una relación con el Crucificado de la catedral de Granada, pues representa un modelo perteneciente a la última evolución de su técnica, ganando en suavidad de modelado y expresiones muy cercanas ya al Barroco.

Representa Rojas, un sosiego, elegancia y una finura en sus tallas, que se complementan con su gran dominio técnico. A esto hay que sumarle su creacción de tipos iconográficos, que como ya se ha dicho, serán decisivos en la imaginería barroca andaluza que se extenderán por toda Andalucía; hablamos de sus tipos de Crucificados, Cristos atados a la columna y ,como no, los Nazarenos. Rojas destaca en cuanto a técnica, pero lo hace aun más en la creacción de tipos que luego serán recuperados a su discípulo Montañés y a través de éste a todos los imagineros del siglo XVII.

Sería un error, a mi juicio, pensar que la valía de Montañés es tan sólo, la trasmitida por Rojas, cuando en realidad, Montañés, como genio creador de su época es capaz de superar dichos modelos artíticos. Estos modelos son el ejemplo perfecto para entender el punto de partida en la comprensión de la talla del Jesús de la Pasión.

6. LA ESTELA DE MONTAÑÉS: JUAN DE MESA

Juan de Mesa entra en el taller de Montañés cuando este ya es un artista pleno, es el año 1606, y permanecerá en él hasta el año 1615, primero como aprendiz y luego como oficial hasta que puede instalar su propio taller. Las similitudes entre las imágenes de Montañés y Juan de Mesa es impresionante, tanto que, en algunas ocasiones se han confundido. Así, los documentos han ido desvelando paulatinamente las obras de Mesa, como sucedió con las devotas imágenes sevillanas del “Cristo del Gran Poder”, el “Cristo del Amor”, o el “Cristo de la Buena Muerte”, e incluso en un principio significó el escándalo por la atribución a Mesa, desvancando a Montañés, hasta que la crítica ha ido poniendo en su sitio la genialidad de Juan de Mesa.

Lo dicho anteriormente, da un testimonio del fiel seguimiento de discípulo y maestro, pues era un repetidor de los tipos montañesinos. El estudio crítico ha dado lugar a adivinar, que, aunque los tipos son similares, el espíritu de Juan de Mesa es radicalmente opuesto, así lo advierte María Elena Gómez Moreno: «Mesa adopta los tipos creados por Montañés, incluso los copia; pero su contenido expresivo y la técnica de su talla revelan temperamentos opuestos. Montañés busca la perfección, hasta el punto de que, si hallamos incorrecciones en sus tallas, podemos, sin miedo a errar, descubrir colaboración de ayudantes. Mesa, en cambio, preocupado por expresar emoción, descuida a veces el modelado e incurre en desproporciones»[12].

Ya hemos visto, que Montañés, por su formación, contexto histórico y social, no es demasiado grandilocuente ni exagerado, como es más habitual en Juan de Mesa, tanto, que llega a convertirse en el escultor más dramático y emocionante de los escultores sevillanos. Posiblemente, lo más normal es que Montañés, por su despege artistico, se hacía pagar caro, cosa que para las Cofradías no era conveniente, por eso, Mesa, más asequible a las exigencias de las Cofradías, se “expecializó” en las imágenes de “paso”, y su consecuente abundancía en la Semana Santa sevillana.

Dice María Elena Gómez Moreno, que Juan de Mesa se expecializó, fundamentalmente, en imágenes de Cristo crucificado, «raras antes en Sevilla cuando abundantes eran en Granada a partir de Pablo de Rojas»
[13]. repite tipos tan claros como el del Cristo del Amor, que lo toma Mesa, del Cristo de los Desamparados de los carmelitas del Santo Ángel, si bién el de Mesa más dramático y más duramente modelado. Encontramos a un Mesa mucho más dramático que se hace evidente, si cabe, en el Jesús del Gran Poder, donde se ha querido ver una versión personal del perfecto Jesús de la Pasión. La imagen de Mesa es tremendamente expresiva, tanto que, esta imagen sobrecoge al ver la imagen en la impresionante procesión nocturna, cubriendo así plenamente su misión. Nos encontramos ya en pleno Barroco sevillano.
Notas:

1.- HERNÁNDEZ DÍAZ, José: Martínez Montañés(1568-1649)...p. 63.
2.- SEBASTIÁN y BARDARÁN, José: «Jesús de la Pasión, obra maravillosa de Martínez Montañés». En: Homenaje a Martínez Montañés, Sevilla, 1937. Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. Boletín de Bellas Artes, órgano oficial de Patronato del Museo provincial y de la Academia de Bellas Artes. Sevilla, junio, 1939. Núm. IV. pp.153- 171.
3.- Ibidem, pp. 159- 160.
4.- HERNÁNDEZ DÍAZ, José: Martínez Montañés...p. 170.
5.- Idem.
6 SEBASTIÁN Y BARDARÁN, José: «Jesús de la Pasión, obra maravillosa de Martínez Montañés»...p.170.
7.- OROZCO DÍAZ, Emilio: «Sobre los posibles precedentes granadinos del Jesús de la Pasión: unas obras desconocidas de Rojas». En: Martínez Montañés(1568-1649) y la escultura andaluza de su tiempo. Madrid: Dirección General de Bellas Artes, 1972. pp. 155-159.
8.- Ibidem, p. 157.
9.- Ibid, pp.157-158.
10.- op. Cit.
11.- Dice de nuevo Orozco Pardo, que sería tocado cuando se colocaron los ojos de cristal. Se le recortó también la talla del cabello para ponerle una peluca postiza. De este ejemplo solo se conserva algo de estofado de la túnica.
12.- GÓMEZ MORENO, María Elena: «Montañés, entre Juan de Mesa y Alonso Cano». En: Martínez Montañés (1568-1649) y la escultura andaluza de su tiempo. Madrid: Dirección General de Bellas Artes, 1972. pp 31-36.
13.- Ibidem, p. 32.