Notas de un Historiador del Arte

lunes, 26 de abril de 2010

NOTAS SOBRE EL ARTESONADO DE LA TORRE DEL PALACIO DEL CONDE DE GUADIANA DE ÚBEDA

LA PERDURACIÓN DE LA CARPINTERÍA DE ARMAR EN EL SIGLO XVII

1. CONSIDERACIONES PREVIAS

Desde la Edad Media el carpintero, junto con los albañiles y canteros, fueron los verdaderos responsables de la arquitectura. De hecho, de entre estos carpinteros saldrían los alarifes1] de la ciudad, una posición que fueron perdiendo paulatinamente debido a las nuevas corrientes europeas, fundamentalmente a partir del Renacimiento, pues a raíz de la invención de la imprenta los tratados italianos se extienden por el marco geográfico europeo. Sin embargo de ésta también se sirve Diego López de Arenas para la edición de su tratado ya bien entrado el siglo XVII, donde es de suponer que recogiera algunos textos que circulaban entre los talleres de carpintería de armar más importantes del territorio español, con la intención de dignificar la posición del carpintero. Aparte del tratado de Diego López de Arenas en 1633[2], se realizan otros como el de Rodrigo de Álava en 1674.

Portada del Tratado de Diego López de Arenas

Fragmento de un manuscrito de carpintería de armar. Finales de siglo XVI

Antes de aparecer textos impresos, muy escasos, los carpinteros debieron disponer de pequeños manuscritos y hojas sueltas en las que se explicaban la forma de resolver ciertos problemas concretos. Estas se copiarían por maestros y oficiales y se extenderían entre los talleres. López de Arenas, escribe en Sevilla, el más importante de ellos o el de Rodrigo Marco, escrito en Salamanca. La ilustración que acompaña este texto corresponde a unos de esos manuscritos.

Los carpinteros andaluces debieron mantenerse con su tradicional técnica, hasta la aparición del mencionado tratado de López de Arenas. En cualquier caso, a finales de siglo XVI y durante todo el siglo XVII, los carpinteros adquieren un papel secundario, pues la arquitectura ha integrado todas las profesiones y ha organizado el trabajo de los distintos gremios bajo su amparo, integrando todas las actividades en un único diseño.


El nombre con el que actualmente se designa a este palacio se debe a que durante un determinado periodo de tiempo este perteneció a los descendientes de don Lope de la Cueva y Guzmán, primer Conde de Guadiana desde 1711 por designación de Felipe II[3]. Sería sin embargo, Toral de Peñaranda quien definitivamente adjudique los orines genealógicos de su fundación[4] a don Andrés de Ortega, Señor de Alicún, dando comienzo a las obras en la última década del siglo XVI, situando la fachada principal enfrentada al ábside de la Parroquia de San Pedro[5].

El fin primordial de la torre era mostrarse a la calle Real, por entonces la calle principal de la ciudad y eje del comercio y del tránsito urbano en los primeros años del siglo XVII. En opinión de Moreno Mendoza, la torre es una pieza esencial para la arquitectura manierista de la Comarca y se inspira en la producción de Francisco del Castillo, fundamentalmente en la fachada de la Universidad de Baeza[6].

2. LA ARMADURA DEL PALACIO CONDE DE GUADIANA COMO CULMINACIÓN DE UN ESPACIO REPRESENTATIVO

La armadura de madera de la torre del Palacio Conde de Guadiana, como otras del arte español, son un ejemplo interesante debido a la complejidad técnica de este tipo de piezas y la enorme carga significativa que ha llevado aparejada al tratarse de un elemento constructivo de estética esencialmente española. En este caso, el interés ha sido muy escaso, ningún autor la menciona, quizá ensombrecida por la enorme fuerza arquitectónica, decorativa y representativa de esta torre, de tal forma que la bibliografía en torno a ésta pieza es inexistente.

La formidable torre cúbica del Palacio Conde de Guadiana de Úbeda, culmina con un mirador de tradición vandelviriana, que se cubre con una techumbre a cuatro aguas de sección cuadrada y tejas de cerámica vidriada de tradición alfarera ubetense[7]. Así, la armadura de madera con la que se corona interiormente este edificio, se realiza a través de esta tradicional técnica constructiva española, donde la carpintería de lo blanco se vincula estrechamente con la geometría de las techumbres que a través de paños han dado como resultado esta armadura de par y nudillo con lima, de cuatro paños y de planta cuadrada, formándose calles entre las limas que integran los faldones. El almizate es también de planta cuadrada.

Vista general de la armadura de madera de la Torre del Palacio del Conde de Guadiana: faldones de par y nudillo con lima y almizate

La armadura, para contrarrestar los empujes, presenta en sus cuatro ángulos unos tirantes con fina moldura en su parte inferior y superior sobre canes decorados de carácter clasicista.

El conjunto se remataba en los vértices, tanto de la planta de la armadura como del almizate, con unos sencillos escudos a modo de cartelas. De los cuatro escudos que se situaban en los vértices del almizate se conservan todos, y se encuentran decorados con cruces alusivas a varias órdenes religiosas. Por el contrario, de las cuatro cartelas con los que contaba la parte inferior, solo han llegado hasta hoy dos de ellas[8], uno con la inscripción “ACA” y el otro “BOSE EN”, en referencia a lo que pudo ser la fecha de la finalización de la armadura (ACA-BOSE EN...) y desafortunadamente incompleta actualmente debido a la pérdida de dos de estas cartelas.

Cartela con la inscripción “ACA”

[vértice Noroeste de la armadura]

Cartela donde aparece la inscripción “BOSE EN”

2.1. Sobre las posibles autorías de la armadura. Un trabajo gremial

Aventurarse a dar unas autorías certeras sobre la traza de la armadura de la torre del palacio del Conde de Guadiana es tarea complicada una vez que ningún documento aporta datos ni nombres concretos. En este sentido se debe investigar el entorno artístico y material de las primeras décadas del siglo XVII en la ciudad de Úbeda para entender la razón de ésta carestía de datos.

Como ya ha quedado señalado en epígrafes anteriores, las manifestaciones artísticas que se suceden en Úbeda en esta primera mitad de siglo XVII están sujetas a una fuerte tradición que ha divulgado composiciones y costumbres, fundamentalmente en la arquitectura palaciega privada, hecho que, como más adelante se señalará, se trasmite a todos y cada uno de los elementos que forman parte de la producción artística del Siglo de Oro: la clientela, con su idiosincrasia e imposiciones estéticas; los artífices, por los sistemas de aprendizaje a los que están sometidos y por su escasa preparación en más casos de los deseados; las formas de contratación, que lo atan todo hasta el más mínimo detalle; y finalmente, una situación económica no demasiado próspera[9]. Así, lo tradicional no viene exclusivamente de la mano de la clientela sino de los artífices que se encuentran dentro de un fuerte sistema gremial o familiar, y dentro de un sistema de enseñanza que ofrece pocas posibilidades de cambio y movilidad geográfica, generando lo que Almagro García ha calificado como “continuismo estilístico”[10], algo normal dentro de la organización gremial, pero más fuerte en disciplinas, como la cantería, la albañilería o la carpintería, sobre todo si esta se vincula a otras artes. El aprendizaje se efectúa dentro de talleres ajustándose a un contrato base donde se recogen tres tipos de acuerdos: la enseñanza del oficio, la manutención del alumno y las responsabilidades en el incumplimiento de lo anterior[11].

En este sentido dentro de la arquitectura se hayan vinculados otros oficios que forman parte del proceso constructivo, pues a las acepciones de maestro de cantería o de albañilería hay que añadir otras profesiones atribuidas a estos mismos profesionales que remiten a diversas funciones dentro de una obra arquitectónica: arquitecto, maestro mayor, maestro arquitecto, maestro de obra, labrante o alarife. Respecto a esto último dice Covarrubias[12] sobre el arquitecto «…vale tanto como maestro de obras…da las traças en los edificios y hace las plantas, formándolo primero en su entendimiento». Y da como instrumentos «compás, regla, saltarregla, tirador, pluma, papel, escuadra, nivel perpendículo». Además su trabajo consiste en «estudiar, traçar dibuxar, plantar, delinear»[13]. Similar definición es utilizada por Diego López de Arenas en su Breve compendio de la Carpintería de lo blanco y tratado de alarifes[14], y como tal se ajusta, en funciones y materiales, a las tareas e instrumentos que utiliza un maestro en la traza de la carpintería de armar.

Estas funciones definidas por Covarrubias como propias de un arquitecto se desarrollan en Úbeda a finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, a caballo entre las propuestas vandelvirianas y los tratados posteriores, como el referido de Diego López de Arenas.

No cabe duda que la construcción del Palacio del Conde de Guadiana requirió de una compleja organización y de unos especialistas dentro de una complicada red de actuaciones que englobarían tracistas, labrantes, tejeros, herreros y carpinteros, donde encontramos a Pedro Cabo “el Viejo” a Pedro Cabo “el Mozo”, a Martín López de Alcaraz, a Pedro de Alarcos, a Juan de Anguís o a la familia Zayas, que son contratados por la familia Ortega y Porcel[15] para el levantamiento de su palacio, además de estar activos en la ciudad gremios de diversas disciplinas que colaboran en las obras realizadas en la Úbeda del primer tercio de siglo XVII. En este aspecto, no cabe duda de que la armadura de ésta torre-palacio pudo integrarse dentro de estas obras globales, de ahí que no se haya encontrado una autoría certera.

Sin embargo, gracias a la labor investigadora de Antonio Almagro García[16], si se tiene noticias de los carpinteros y entalladores activos en este periodo en la ciudad, que trabajan habitualmente con los artistas implicados en esta obra. Son los carpinteros Diego de Alarcón y Mesa y Jorge Ruiz Cristino, que aparecen habitualmente asociados en las obras que el maestro Pedro Cabo realiza en la ciudad[17], pero se debe tomar con cautela la participación de estos carpinteros en la esta obra, pues hasta la fecha no se ha hallado documentación alguna.

2.2. La heráldica como instrumento accesorio para la datación de las armaduras de madera

La identificación y la comparación de los diversos escudos heráldicos que abundan en este palacio, espacialmente en la torre debido al carácter propagandístico de la misma, constituyen un dato más para la investigación histórico-artística de la armadura de madera que se analiza en el presente estudio, ya que algunos elementos heráldicos tienen su reflejo en dicha armadura, lo que permitirá una aproximación más certera en cuanto a su datación cronológica.

Este fuerte referente simbólico de la torre hay que buscarlo en una tradición iniciada en el siglo XVI donde conviven los referentes urbanos con el trazado urbano de la ciudad mudéjar. Para la ciudad los símbolos nobiliarios tienen una fuerte presencia durante los siglos XVI y XVII, acorde con el estamento privilegiado dominante en la ciudad[18], la nobleza, quienes también habían heredado la tradición política hispana de la restauración del imperio cristiano, idea que todavía perdura en la ciudad durante el siglo XVII y que se basaba en la filosofía humanista de la “Universitas Cristiana”, donde tiene especial relevancia el elogio del caballero cristiano. No es de extrañar que esta idea, basada en el “Enquiridion militis christiani”[19], permaneciese en la mentalidad de don Antonio Ortega, pues desde una visión simbólica del Mundo Clásico como arquetipo de perfección humana, se interpreta una nueva realidad cristiana, por esa razón son tan importantes para estos linajes las Órdenes Militares, pues constituyen el medio para la consecución del perfecto caballero cristiano.

Retrato de Pedro de Barberana y Aparregui. Diego de Velázquez, 1631. Kimbell Art Museum de Fort Worth. Texas.

El Señor de Alquezar aparece vestido como caballero de la Orden de Calatrava representando a la perfección la esencia del caballero cristiano (Enquiridion militis christiani) durante el Barroco, lo que es útil para entender la mentalidad de D. Antonio de Ortega y Porcel.

La familia Ortega y Porcel es el linaje que levanta este edificio y todo el discurso simbólico gira en torno a éste, a cuya cabeza se sitúa don Martín Alonso de Ortega, Alcalde y Comendador de Santiago en 1487, por eso parece importante partir de las armas de este linaje: Un castillo sobre una roca con dos escalas a los lados y un letrero en cada escala que dicen la una “de moros” y la otra “de cristianos” y una ala de donde sale un brazo con una espada en la mano y encima del castillo una cruz de calatrava y todas estas armas están en campo de oro. Esta descripción está tomada por Toral de Peñaranda del expediente para las pruebas para el ingreso en la Orden de San Juan de Malta de uno de los descendientes de la familia, Manuel de Ortega y Porcel[20]. Este escudo se haya labrado, aparte de en la fachada principal, en la torre junto al de los Porceles, y en un lugar más modesto los de Molina, Messia, Sotomayor, Cobos y Santa Cruz, otros linajes emparentados con los Ortega.

En este sentido se haya una evidente vinculación de algunos componentes de este linaje a tres órdenes militares fundamentales: La Orden de Santiago, la Orden de Calatrava y la Orden de San Juan de Malta, hecho por el cual los escudos que aparecen en la armadura, en los vértices del almizate, representan las cruces que identifican estas tres Órdenes.

ENLACES MATRIMONIALES DEL LINAJE ORTEGA RELACIONADOS CON EL PALACIO

D. Martín Alonso de Ortega (1487)

[Comendador de la Orden de Santiago]

Dª Ana Ruiz de Molina

D. Martín de Ortega

[El Capitán]

Dª Leonor de Medina

D. Antonio Ortega

[El Regidor]

Dª Catalina Porcel

[La Comendadora. Orden de Santiago]

D. Manuel Ortega y Porcel [Ingresó en la Orden de San Juan a finales S. XV]

Andrés de Ortega y Porcel

[1591. Compra del solar]

Dª Isabel de Valencia

D. Antonio de Ortega

CONSTRUCTORES DE LA TORRE 1611-1615

Dª Beatriz Vela de los Cobos

D. Martín de Ortega

[primer Señor de Alicum]

Dª María Jacinto Messia

D. Antonio Ortega Porcel y Messia

Dª Catalina Victoria Porcel

D. Andrés de Ortega-Porcel

[Caballero de la Orden de Calatrava]

Luisa Antonia Messia

D. Luís de la Cueva

[1711Caballero de Santiago

2º Conde de Guadiana]

Dª Catalina Victoria de Ortega





La situación de los escudos de las órdenes militares vinculadas a la familia Ortega y Porcel en ésta estancia es lógica, una vez entendida la finalidad propagandística de este edifico: un espacio que actuaba a modo de balcón a la calle principal de la ciudad donde a menudo tenían lugar los acontecimientos más importantes de la ciudad. En este caso era habitual recibir visitas de otros personajes influyentes para los actos de representatividad de la ciudad, por lo tanto mostrar una estancia noble era esencial, para ello se sirve de la armadura de madera, que como ya ha quedado señalado constituye una tradición dentro de los postulados renacentistas que aún perduran en Úbeda a principios de siglo XVII.

Sin embargo, aún es más curioso comprobar que la armadura culmina con los títulos de raíz religiosa más importantes de la familia que responden a las órdenes militares. Su colocación en lo más alto de la torre no debe pasar desapercibido en este aspecto, si se tiene en cuenta que por encima del mundo de lo material y humano se haya el mundo espiritual, donde mostrar la militancia de caballero cristiano es fundamental.

Pero estos escudos además tienen su correspondencia en algunos elementos de la torre, donde estípites antropomórficos, que flanquean las ventanas, portan medallones que hacen referencia a estas mismas órdenes Militares.

Estípite antropomórfica con la cruz de Calatrava

[Primer cuerpo de la torre, 1612-1614]

Estípite antropomórfica con la cruz y vera santiaguista

[Primer cuerpo de la torre, 1612-1614]

Estípite antropomórfica con la cruz de Malta

[Primer cuerpo de la torre, 1612-1614]


[1] El cargo de alarife (o alamín) se nombra por el Concejo, reunido en sesión plenaria, exclusivamente entre maestros albañiles de prestigio en la ciudad durante un periodo concreto (generalmente un año), con las funciones de vigilar las obras, realizar informes sobre el estado de conservación de los edificios y asesorar sobre cuestiones de arquitectura.

[2] LÓPEZ DE ARENAS, Diego. Breve compendio de la Carpintería de lo blanco y tratado de alarifes, con la conclusión de la regla de Nicolás Tarraglia y otras cosas tocantes a la ieometria y pvntas del compas. Impreso en Sevilla por Luis Estupiñán, 1633. TOAJAS ROGER, M. A. “Un manuscrito inédito de arquitectura y carpintería del siglo XVII: El « Breve compendio y tra(ta)do de lo blanco» de Rodrigo Alva (1674)”. Anales de Historia del Arte, nº 1, Servicio de Publicaciones e la Universidad Complutense, Madrid, 1989, pp. 181-195

[3] MORENO MENDOZA, A. Úbeda renacentista. Madrid: Electa, 1993. p. 143

[4] TORAL DE PEÑARANDA, E. “Estudios de heráldica ubetense. El Palacio llamado « Torre del Conde»”. Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, pp. 31-45. “Historia del linaje ubetense de Ortega”. Boletín del Instituto de Estudios Giennenses. Julio-septiembre, 1995, nº 154, pp. 7-87

[5] La familia Ortega Porcel y Ortega Messia, eran descendientes de un Martín Alfonso de Ortega que en 1487 había adquirido una larga serie de adquisiciones, casas y solares, en la colación de San Pedro. TORAL DE PEÑARANDA, E. “Historia del linaje ubetense de Ortega”. Boletín del Instituto de Estudios Giennenses. Julio-septiembre, 1995, nº 154, pp. 7-87

[6] MORENO MENDOZA, A. Úbeda Renacentista... p. 145.

[7] RUIZ FUENTES, V. M. “La cerámica renacentista ubetense: apuntes al estudio de su producción y difusión”. Actas de las I, II y III Jornadas Internacionales de Humanismo y Renacimiento: Úbeda, septiembre de 1993 y mayo 1994). Jaén: UNED, 1996.pp. 333- 350

[8] Uno de ellos fue hallado entre los escombros acumulados bajo la armadura durante las labores de investigación de campo.

[9] ALMAGRO GARCÍA, A. “Tradición, innovación y decadencia en el arte ubetense de la primera mitad del siglo XVII”. MORENO MENDOZA, A.: Úbeda en el siglo XVI. Jaén: Fundación Renacimiento y El Olivo, 2002. p. 371

[10] Ibidem. p. 377

[11] Ibidem. p. 378

[12] COVARRUBIAS, S. Tesoro de la Lengua castellana o española. Barcelona: Alta Fulla, 1987,

[13]Ibidem. p. 141

[14] LÓPEZ DE ARENAS, Diego. Breve compendio de la Carpintería de lo blanco y tratado de alarifes, con la conclusión de la regla de Nicolás Tarraglia y otras cosas tocantes a la ieometria y pvntas del compas. Impreso en Sevilla por Luis Estupiñán, 1633 [recurso electrónico]

[15] ALMAGRO GARCÍA, A. Artistas y artesanos en la ciudad de Úbeda durante el siglo XVII. Jaén: Universidad de Jaén, 2003, p. 79

[16] Idem

[17]ALMAGRO GARCÍA, A. Artistas y artesanos en la ciudad de Úbeda durante el siglo XVII. Jaén: Universidad de Jaén, 2003, p. 79

p. 81

[18] MONTES BARDO, J. La sacra Capilla del Salvador: Arte, Mentalidad y Culto….p. 26

[19] ERASMO: El Enquirion o manual del caballero cristiano y la Paraclesis o Exhortación al estudio de las Letras Divinas. Madrid, 1971.

[20] Idem.

1 comentario:

GastroÚbeda dijo...

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